Encontré una calle ladrando

La calle en su más sentido desierto,

en su más sentida anchura.

La calle, la que fuera a oscuras

la cuna de un niño despierto

(que mira con ojos de pan

y desnuda sus manos de lata

para pedir, con vos de escarlata

clemencia al viento, y a la Luna paz).

La calle que alberga un río y que acecha,

que engendra espuma y vendavales

con siniestros secretos de hombres  fatales

y honestos deseos  de mujeres insatisfechas.

La calle que guarda y exhibe sus dentales,

la misma que apunta y lanza y clava sus flechas.

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~ por Franco en 11 de febrero de 2010.

Una respuesta to “Encontré una calle ladrando”

  1. […] Encontré una calle ladrando lo único que intentó hacer fue llegar a ser la publicación número 50. Y no es poca cosa. Si bien lo escribí antes que el cuento de Azevedo o la Zamba, la incluí para que sea la 50 y poder publicar este epílogo. Habla de la mendiguez y de la perturbación de las multitudes. […]

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