Crónica de la primera muerte de Daniel Simón Azevedo

Durante la noche,  uno lo nota mientras esta se está precipitando sobre el Sol, las distancias se amplían. Hay quienes acusan al viento : “debe ser el viento que separa los lugares“, dicen. Las hamacas se “afantasmizan”, esto es: se mueven solas. O no tan solas, pero el viento no tiene la facultad ni la propiedad de sentarse sobre ellas y dejar colgando sus piernas. La imagen de una hamaca columpiándose sola, en principio, parece terrorífica. la sospecha del crecimiento del espacio entre los lugares a causa del viento resulta definitivamente aterrador. La certeza de la llanura eterna,  del horizonte inalcanzable e invisible a la luz de la oscuridad, paraliza.

El hombre paralizado, sólo el de esta historia, tiene dos opciones: pensar, para acortar esas distancias razonablemente; o morirse, que para el caso es lo mismo.

Azevedo, antes de asesinar al judío Yamolinsky y antes de ser apuñalado por un Dandy bábaro, ya había muerto. Según los investigadores había muerto a causa del viento y de la noche. Mejor dicho, a causa de pensar en acortar las enormes distancias nocturnas.

Cuando Scharlach solicitó los servicios de Azevedo para robarle los  zafiros al Tetrarca de Galilea (esta aventura la narra Borges con precisión en La muerte y la brújula) , lo encontró sentado, columpiándose en una hamaca en los llanos de Triste-le- Roy. O al menos a esas conclusiones llegó Lönnrot en el punto cardinal sur, el día 2 de marzo, después de pensarlo mucho y antes de morirse. Sin embargo, aun no era de noche totalmente.

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~ por Franco en 25 de enero de 2010.

3 comentarios to “Crónica de la primera muerte de Daniel Simón Azevedo”

  1. […] falsa escrita sobre una historia falsa que escribió un tal Borges. En mi caso me refiero a Crónica de la primera muerte de Daniel Simón Azevedo. Increíblemente más magistral es el relato de Borges que le dio […]

  2. Excelente ficción de ficción.
    Yo agregaría que Azevedo se entretenía en imaginar un universo en los interminables eucaliptus,y que dibujaba losanges en un libro de arena

  3. Gracias por pasar por acá. La imagen de unos ojos paseando por los eucaliptos para imaginar otras aventuras es provocativa ¡Qué ricas son las hojas de los eucaliptos!

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