RONDA DE MATE

Sí, puede ser. Pero… no sé. A veces es al pedo. A veces te ata demasiado.

-No, sí. Eso ya lo tengo pensado. Pero para estar tranquilo al menos en un aspecto.

Y  ahí le aviso que se va a hervir el agua. Entonces el Monito agarra y le pega una pitada más al pucho, la última. Lo apaga o, mejor dicho, lo revienta contra el cenicero, se para y arranca para la cocina. Yo me pongo a preparar el mate: le saco la yerba vieja haciendo palanca con la bombilla, no toda la yerba porque estamos en época de malaria y hay que ahorrar; la idea es dejarle un poquito apenas, que ni se note, de la anterior y así usar menos yerba nueva. En la raíz de un paraíso frondoso tiro la yerba vieja.

– ¡Che, Monito! –le pego el grito desde el patio.

No grités, no grités que no vendés nada. Estoy acá atrás tuyo- dice-. Y efectivamente, cuando me doy vuelta, lo veo que pasa por detrás de mí con la pava en la mano.

– ¿Qué?- me pregunta mientras acomoda la silla de plástico en la que se va a sentar y deja la pava sobre la tabla de madera toda tajeada, dando muestras de haber sido utilizada en numerosos asados entre amigos, que está ahí en la mesa.

-Amargo totalmente ¿no? Ni azúcar en la base del mate ¿no?- Porque hay gente que se jacta de tomar mate amargo y resulta que en la base del mate le ponen 5 cucharadas de azúcar para que tire dulzor durante varias rondas.

Nada, papá. Si fueses mina te diría que para dulce estoy yo- me dice mientras estira el brazo derecho hacia mí para que le de el mate que ya estaba listo para seguir dando vueltas.

El Monito es un cebador con un tiempo bárbaro. Es un Verón cebando mates, diría yo. El tipo te da el mate en el momento justo en que el cuerpo de uno empieza a exigir esa necesaria dosis de yerba mate. Ahora, eso sí, para lograr ese taiming el tipo se toma dos o tres al hilo. Pero que te da el mate cuando uno lo necesita es muy real. Y no le erra nunca.

– En serio, Pedro. Yo no sé si te tenés que obsesionar con esas cosas. ¿Vos qué edad tenés?- me pregunta mientras en forma circular va cargándole agua al mate tratando de no mojar toda la yerba. Me alcanza el mate espumoso casi como una autorización a responder…

Y, Mono, son 34 pirulos ya. Algo tengo que hacer – Lo más llamativo de su forma de cebar es cuando ceba en una ronda de varios. El Pelado Farías dice que hace como una rueda de bicicleta. O sea: ceba uno, se ceba uno a sí mismo; ceba otro, se ceba uno a sí mismo; otro y otro para él, y así.  Termina la ronda y el tipo tomó la misma cantidad que todo el resto de los tomantes juntos. Antes de que haga mucho ruido a vacío, le devuelvo el mate.

Yo ya te lo dije una vez, Pedro ¿te acordás?- me dice mientras vuelca agua en forma circular dentro del mate. – Vos sos muy idealista, hermano. Tenés que pensar menos– me mira, levanta la pava, la apoya en la tabla llena de tajos y empieza a chupar de la bombilla.

No puedo Monito, no puedo. Es como pedirte a vos que cebes mates de modo coherente –le digo en chiste.

¿Y qué tiene de incoherente mi forma de cebar mate?– me dice haciéndose el enojado, y como si adivinara lo que estoy pensando, me aclara: –¡Y te lo digo en serio, no me estoy haciendo el enojado!

Bueh, pará, pará que era un chiste, che. Lo mismo puedo preguntar yo ¿por qué tengo que pensar menos?

Porque si, Pedro. Porque si – mientras se va tomando otro y a mi no me volvió a dar. –Para estar más tranquilo. Vos te enroscás demasiado.

Si  puede ser.

Puede ser, no. Es. ¿Te acordás lo que te dijo la última?

¿Fernanda?

Si, Fernanda, la morochita. La flaquita esa con la que anduviste como 9 meses-. El Monito se ceba otro mate para sí

¿Qué me dijo? -Le digo como asustado, o como sorprendido.

Eso que me contaste cuando me traías a casa la noche del asado en lo del Pacha Pachala– dice y le da la última chupada provocando el característico ruido que, al que está esperando, le hace despertar esa urgencia fisiológica y adictiva de recibir la necesario dosis de mate.

Me acuerdo que te tuve que traer del pedo que tenías, pero ¿qué? ¿qué te dije? ¿qué te dije que me dijo?

Lo del corazón, Pedro. Lo del corazón y la cabeza. Yo no me acuerdo bien cómo era. Pero me acuerdo que la mina, en esa, tenía razón– y así, dándole la razón a aquella ya ni extrañable Fernanda, me alcanza un mate para que, por fin, tome yo.

¿Del corazón mío? – le digo haciéndome el dolobu. Y, de paso, me apuro a darle sucesivas chupadas al mate para tener la boca ocupada y que se de cuenta que no puedo hablar.

Dale, no te hagas el pelotudo que te conozco bien. Son más de 25 años de amistad.

Y tiene razón. Bien sabía yo a qué se refería.

Si, ya sé.- le digo.- pasa que también sé que la mina tiene razón-. Y le doy el mate, que a esta altura empezaba a cumplir la función de “cambio y fuera”, parecía ser el que autorizaba  a hablar al otro.

Pero cómo era, cómo era, porque la mina te definió bárbaro…

No me acuerdo bien…- me excuso mientras el Monito empieza a tomar el primero de una segunda sucesión de mates para sí mismo..

Fa, ¡no ves! Te estás haciendo el pelotudo otra vez.

¡Jajaja! No, en serio. No me acuerdo bien.- era verdad, no me acordaba bien, pero pienso un rato y más o menos me acuerdo. – Era algo así como que tengo un corazón guarro y una cabeza que frena todo accionar, o algo así.

¡Eso! ¡Eso era! Y tiene razón -. Al Monito solo le faltó decir Eureka. –Vos  tenés que hacer lo que se te antoje. Tenés que pensarla menos, Pedrito, y aventurarte a más. ¿Vos creés en la felicidad?– y esa pregunta de respuesta complicada le sirve de pretexto para empezar a cebarse otro mate.

Si, obvio. Y espero poder ser un poco más feliz que ahora.

¡Pero…! la felicidad es un instante, son como muchos instantes en los que uno puede ser feliz. Después nada, rutina, cuentas a pagar, olor a cocina, sabanas sucias…

Sabés qué pasa Mono, acostarme con una mina sólo por acostarme me deja una sensación de vacío que no puedo tolerar. La paso bien ese rato, lo que dure, pero después viene el saludo de despedida y el vacío que me alberga es insoportable.

Dejate de joder con esas cosas. Tenés que vivire más, Pedro. Las minas quieren un tipo que viva la vida, no un tipo que piense cómo vivir la vida.

El Monito tiene esas cosas. Es un tipo bárbaro. No te podés enojar ni a palos con él. Pero a veces te dice cada cosa… Yo ando desesperado buscando un amigo que me entienda porque hace como dos años que estoy solo y éste agarra y me dice que es al pedo, que es atarse, que la felicidad es un instante…

Vos me decís así porque estás diez puntos. Porque estás con la mina que querés, porque vas a ser papá en unos meses…

Y por eso te lo digo, Pedro– me avisa mientras el muy turro se ceba otro mate para él.

Fijate cada cuánto puedo ir a comer un asado con ustedes yo. Vos no sabés la cagada a pedos que me pegó aquella vez que me trajiste borracho de lo del Pacha.

El Monito se para a abrirle la puerta al Remo que estaba adentro de la casa, y por los golpes que le daba, en cualquier momento la tiraba abajo. –Y a jugar al fútbol –me cita ejemplos mientras camina hacia la puerta de la cocina que da al patio. -¿cada cuánto puedo ir a jugar un picado con ustedes?

El Remo se le tira encima y casi lo tumba ni bien le abre. El Monito lo agarra de la cabeza y se la mueve para todos lados, le da unas palmadas fuertes en el lomo como para que salga a jugar…

Hay que hacer como éste– dice mirando al perro. –Éste sí que no tiene drama, éste sí que tiene la vida resuelta.

Si, pero es una vida de perros– digo intentando hacer un chiste.

Vuelve a sentarse y a cebarme otro mate. Me mira un rato como con ganas de reflexionar algo, y sin anestesia me hace la pregunta que me quiso hacer toda la tarde.

Yo no te entiendo, Pedro. Estás sólo, nadie te rompe las bolas, tenés un buen laburo, tenés tu casa, tu auto, tenés facha, podés estar con la mina que quieras. ¿Me querés decir para qué mierda querés una novia?

Para tener alguien que piense en mí –le digo, pero con la absoluta convicción de querer confundirlo.

-¿Y para qué querés alguien que piense en vos?- me retruca sin acusar recibo de mi intento de confundirlo.

Lo miro, pienso (como siempre). Me tomo mi tiempo porque esa sí que no me la esperaba. Aprovecho para darle las succionadas necesarias al mate como para terminarlo…

Monito –le digo –necesito alguien que piense en mí para no pensar yo en todas ¿me entendés?-.  Y le devuelvo el mate totalmente lavado.

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~ por Franco en 1 de junio de 2009.

2 comentarios to “RONDA DE MATE”

  1. Perfecto, muy bueno, mucha imagen,un lindo mensaje, un consuelo. Todo en su justa medida; Diria que el cuento es un mate del monito! Re Grosso.

  2. […] Lo digo ahora porque después me será difícil encasillarla en algún párrafo. Vale agregar que Ronda de mate se lo debo tanto al Negro Fotnanarrosa como a las mujeres que no han querido verme. Otra cosa […]

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